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Suba es la localidad número 11 de la ciudad, se encuentra ubicada al noroccidente de la ciudad y es la cuarta localidad más extensa de la capital, con 10.056 hectáreas después de Sumpaz, Usme y Ciudad Bolívar, respectivamente. Su suelo urbano comprende 6.271 hectáreas de las cuales 559 son protegidas; el suelo rural comprende 3.785 hectáreas de las cuales 910 corresponden a suelo de protección rural; el suelo de expansión es de 874 ha. Limita al Norte con el municipio de Chía; al Sur con la localidad de Engativá; al Oriente con la localidad de Usaquén y al Occidente con el municipio de Cota.

Tiene aproximadamente 1’200,000 habitantes y está compuesta por 12 UPZ: La Academia, Guaymaral, San José de Bavaria, Britalia, El Prado, La Alambra, Casa Blanca Suba, Niza, La Floresta, Suba, El Rincón y Tibabuyes y 1 UPR Chorrillos.

A través del Plan Zonal del Norte se proyecta la edificación de viviendas para aproximadamente 200.000 nuevos pobladores en el área de influencia del plan, del cual hacen parte tres UPZ de Suba (Guaymaral, La Academia y una parte de San José de Bavaria). Sus áreas de protección ascienden al 17,5% de la superficie total de Suba (1.749.77 hectáreas).

Se tienen registradas en la base de datos del Centro de Información Cultural Local 120 organizaciones entre agrupaciones, colectivos y entidades con personería jurídica. Se evidencian organizaciones especializadas en los temas poblacionales y artísticos, las cuales realizan un trabajo social con la población de la localidad.

Particularmente, los Muiscas de Suba concentraban sus vidas alrededor del Lago Tibabuyes, pues su cosmogonía estaba constituida por una serie de elementos simbólicos y ancestrales alrededor del agua. Previo a la conquista española, el lago era escenario de múltiples celebraciones y rituales en la que se puede mencionar “La fiesta de las flores” en la que se reunían los caciques de Funza, Cota, Engativá, Chía y Suba para realizar ofrendas florales y  de objetos elaborados en piedras preciosas al dios Chibcha un, quien traería temporadas de lluvia para favorecer el cultivo y la cosecha (Alcaldía Local de Suba. “Indagación indígena y afrocolombiana”. Casa Editorial Félix Rodríguez Torres. Bogotá, 2004, p.16.).

Los humedales, lagunas y ríos eran considerados por los indígenas de Suba como lugares sagrados. El respeto y admiración por éstos permitiría el equilibrio entre dioses y hombres, un equilibrio de conservación y de beneficio, orientado a dar sostenibilidad a su hábitat. Luego del despojo de tierras por parte de los conquistadores, tierras ancestrales fueron perdiendo su importancia para dar paso a la propiedad privada de colonos españoles en donde emplazarían haciendas que serían luego lugares de desigualdad social.